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Historias y curiosidades de Santoña

• Jueves, 08 de Julio 2010
EL CARMEN Y SANTIAGO
el carmen.jpgContinuando con las fiestas en los barrios dentro del casco urbano de Santoña, nos toca hacer referencia a las dos que se celebran en el mes de julio: El Carmen y Santiago.

De la fiesta de El Carmen que se celebra en el barrio de Santoñuca, se tienen referencias que se hacía en el Pasaje. Precisamente en julio de 1918 fue suspendida al fundirse nada menos que 108 lámparas allí colocadas. Su reposición fue reclamada por la empresa eléctrica Vasco-Montañesa, y el Ayuntamiento no sólo tuvo que atender la petición de las mismas sino que adquirió 150 bombillas más para las fiestas patronales que se acercaban.

Es explicable que ocurrieran estas cosas porque el alumbrado eléctrico general, inaugurado el 6 de septiembre de 1899, era muy deficiente, además de caro. En enero de 1913, por ejemplo, se decía que era excesiva la cantidad que fijaba dicha compañía eléctrica por el alumbrado de las verbenas y que había que solicitar alguna bonificación. Se llegó a multar a la empresa, pero sin resultado.

La festividad de El Carmen era muy celebrada en los años de posguerra. Había misa, primeras comuniones y procesión, llevándose la imagen grande de la Virgen del Carmen que está en la iglesia. En la actualidad se hace solamente una misa a la que asisten los representantes de la Cofradía de Pescadores acompañados de las autoridades locales.

santiago.jpgLa segunda festividad de julio era la de Santiago, los vecinos, previamente adornaban la plaza de la Villa (entonces de José Antonio) con colgaduras con banderas que iban desde las fachadas a la farola central. También decoraban sus balcones y ventanas y la fachada del Ayuntamiento.

Era costumbre colgar en algunos tirantes figuras alegóricas, muñecos que representaban a personajes populares, con sus correspondientes leyendas. Desde el balcón del Ayuntamiento sonaba la megafonía y se daban instrucciones de los juegos que se organizaban por la tarde para divertir a los asistentes, tanto adultos como menores.

Uno de ellos era la “chocolatada ciega” en la que dos comensales situados uno frente a otro, con los ojos vendados y la cazuela en el centro de ambos, intentaban darse mutuamente el bizcocho untado de chocolate. Las carcajadas eran enormes por parte del público, pues las manos de ambos comensales, tanteando en busca de la boca contraria lo mismo ponía el bizcocho en la frente que la nariz, la oreja, u otro lugar de la cara. No faltaban aquellos que, rompiendo las reglas del juego, aprovechaban de vez en cuando para llevarse los bizcochos a su propia boca y así tener la merienda asegurada. Al final a los protagonistas no les quedaba más remedio que lavarse.

Se hacían aparte carreras de sacos, de burros, etc. Muy disputada era la de cintas, en las que los participantes, montados en bicicleta, por medio de un estilete conseguían introducirlo en una anilla y tirando la desenrollaban. El premio en metálico dependía del número de cintas conseguidas.

La más dura era la carrera de herradas, en la que las mujeres participantes, tras llenar la herrada de agua, la colocaban sobre un rueño en la cabeza teniendo que correr cierta distancia. La popular Oliva, la pescadora, era la campeona indiscutible de aquellas competiciones.

Y así iba discurriendo la tarde y los niños, en los momentos en que no había algo interesante que ver, acudían a la tienda La Mía, para comprar chucherías. Por la noche, había una animada verbena. Unos se divertían bailando, otros mirando o consumiendo en la taberna de Santi y en la de Las Mellizas. Mas tarde se abriría, otro bar que llevaría el curioso nombre de La Lejía, pero ya por los sesenta la fiesta no era igual.

José Luis Gutiérrez Bicarregui

Revista digital NewSantoña Julio 2010

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